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Con un cuerpo rotundo lleno de curvas y una sonrisa pícara, no tiene dificultades para conseguir clientes. Lleva en la industria del sexo 7 años. Los primeros meses, al llegar a Pekín, fueron muy duros. No tenía contactos, no conocía a nadie. La prostitución es teóricamente ilegal en China. Casi desaparecida durante la época maoísta, comenzó a resurgir al tiempo que el país iniciaba su escalada económica en los años ochenta. La ONU calcula que la ejercen entre cuatro y seis millones de personas, aunque algunos estudios apuntan que esta cifra podría llegar a los diez millones.

Muchos negocios se discuten rodeados de comida, bebida y mujeres. Tener una amante es, para muchos hombres, una cuestión de prestigio y un modo de exhibir nivel económico. A todo esto se suma la revolución sexual que ha vivido China desde los años Tiene alquilado un cuarto diminuto en un hutong , una callejuela tradicional, en un barrio de clase media-baja al sureste de Pekín, donde la enorme cama no deja otro espacio libre.

Sobre ella come, charla y trabaja. Como su amiga Jinjin, Wang no considera que su vida sea especialmente desgraciada. Se da caprichos que en su vida anterior no hubiera podido soñar: Ya no gano como antes. El teatro es la madre por excelencia de todos los medios que vinieron después: En algunos casos ocurren cosas graciosas encima del escenario durante la representación, que nos hacen reír porque nos cogen desprevenidos. Para eso yo tengo un truco. Ellos han pagado su entrada para reírse y no tienen por qué notar que te ocurre algo.

El padre de Lina Morgan murió a las nueve de la noche. Lina estaba en el escenario a las once en punto. Esto no ocurre ni en el cine ni en la televisión. El teatro tiene la ventaja sobre el cine, al menos en el género cómico, de que puedes hacer pruebas. Con eso se consigue añadir risas a la función. Cuando estrenamos Lina Morgan y yo la revista La marina te llama, la gente no se reía mucho. Al poco tiempo de esto Lina pudo comprarse el Teatro de la Latina. Ciudad Rodrigo, una bella ciudad declarada monumento nacional, año Actuaba a la sazón en esa ciudad con la compañía de mis padres, Compañía de comedias cómicas Puchol Ozores.

Vivía en una modesta pensión. Me tumbé en mi colchón de borra a estudiar la próxima obra de teatro que íbamos a representar. Tres de la madrugada. Nadie a quién pedir lumbre. Fui a la calle. El sereno no fumaba. No me quiso dar las señas de alguna casa de lenocinio. Por otra parte ir a una casa de prostitución a pedir una cerilla no es nada normal. Regresé a mi pensión. Me tumbé en mi cama…soplé, y apagué la vela. Pues ése soy yo. Yo interpreté a los diecinueve años. Fue mi primera oportunidad de interpretar a don Juan.

Naturalmente, era lo suficientemente inconsciente para no concederle excesiva importancia, aunque en los primeros ensayos empecé a aterrarme. Me aprendí no sólo mi personaje, sino el de toda la obra de Zorrilla, y en verso.

Mandaron la sastrería de Madrid y ahí empecé a envanecerme. Siempre al que interpretaba a don Juan le daban el mejor traje, y sobre todo… la mejor espada. A pesar del tiempo transcurrido, recuerdo que estuve bastante bien, y lo sé porque en aquel momento en Zamora el crítico del periódico local era Gua, el gran humorista y mi gran amigo, con el que me sigue uniendo una gran amistad. Por cierto, el empresario del teatro se llamaba San Vicente. Entonces yo era muy pequeño, porque en los años cuarenta tener diecinueve años era ser, pero que muy pequeño.

La penuria de los años cincuenta en la revista. Durante muchos años actué en diversas compañías de revista. Por los años cincuenta empezaron a salir las medias llamadas de cristal, pero eran carísimas.

El vestuario de las bailarinas —esto de bailarinas es un eufemismo— era absolutamente sorprendente. Los sombreros que utilizaban eran esas macetas de tamaño mediano de barro pintadas de colores con Titanlux. Tenían un fuerte barboquejo para que el peso no las hiciera caer. Sobre un pequeño pantaloncito llevaban una especie de flecos confeccionados con bolsas de basura de diferentes colores, que con unas tijeras eran cortadas para darles esa forma de flecos. Con asistencia del autor.

Las que casi siempre estaban en provincias eran las compañías modestas. Entonces se veía tanto teatro porque no existía la televisión y se hacía muy poco cine en nuestro país. Esto consistía en que, al final de la representación, los propios actores de la compañía recitaban versos, hacían juegos de manos, algunos hasta cantaban una canción de moda.

Pero había también otra novedad. El autor estaba en Madrid y no se le ocurriría ir a un pueblo perdido en el mapa de España. Pero todo estaba previsto. A uno de los actores de la compañía se le ponía unas gafas, un bigote, un buen traje, y al final de la representación salía a saludar haciéndose pasar por el autor. Este truco siempre funcionaba bien, hasta que un día en que se representaba La dama boba salió el autor a saludar.

Tres eruditos del pueblo, el boticario, el alcalde y el médico pusieron el grito en el cielo: Los actores ese día con lo que les arrojó el respetable tuvieron una opípara cena vegetariana, con los tomates, zanahorias y diversas verduras que les tiraron al escenario. Esto sería en , recién terminada la guerra civil.

Entonces había una costumbre que utilizaban todas las compañías de teatro: Felicitémonos por el final de esta guerra fraticida entre hermanos. Aquí en Tortosa como en toda España celebremos este hecho. Es que Tortosa es un pueblo especial. Hubo un silencio total. Ni un aplauso, nada. Mi padre salió del escenario y le dijo a mi hermano José Luis Peliche: Mi hermano hizo una pausa y le contestó: Por los años cincuenta y sesenta existía un autor teatral llamado Ramón Torrado que escribía comedias muy comerciales pero que no gozaba de la simpatía de los intelectuales.

Uno de ellos dijo de dicho autor: Los fines de fiesta de los años cincuenta. Con la compañía de mis padres, Compañía Puchol-Ozores, estuvimos cinco meses consecutivos en el Teatro Pavón de Madrid, a cinco pesetas la butaca.

Entonces la familia no teníamos casa en Madrid y vivíamos en una pensión en la calle Doctor Cortezo. Un buen día a mitad de la canción le dio un ataque de tos La función debe continuar.

Pasar el año nuevo en el escenario. También he pasado muchos años nuevos encima de un escenario en Madrid, y sobre todo en provincias. El primer acto transcurre normalmente. El ritual de las doce campanadas, que es cuando entra el nuevo año, suele acontecer un poco antes de que termine el primer acto. Por megafonía se conecta siempre con Radio Nacional y hay una espera de unos minutos antes de que suenen las campanadas.

Llega el momento de las doce campanadas. Abrazos del respetable entre sí, y también entre los que estamos en el escenario. Sobre todo en provincias. Su alegría es desbordante, las conversaciones entre ellos se cruzan, se oyen risas y naturalmente no se enteran en absoluto de lo que decimos los que estamos encima del escenario Un día fue por el conocido Café Gijón y contó la triste historia de lo que le había ocurrido en la playa de Santander.

Su hijo de siete años se estaba bañando en el mar y no sabe cómo ocurrió realmente, pero se ahogó. Pidió a todos sus amigos que hicieran una colecta para pagar el entierro. Entre todos le consiguieron veinte mil pesetas. Exactamente al día siguiente Castañares paseaba por la calle con su hijo de siete años y se encontró con uno de los del Café Gijón que había organizado la colecta para el entierro del niño. Lo saqué del agua, le hice la respiración artificial Este Castañares era un ser increíble.

En los años sesenta se hizo empresario de una compañía, y sólo se le ocurrió ir al Amazonas. No se sabe cómo consiguió una subvención del ministerio. Los actores iban en piraguas por el río, se detenían cuando veían un grupo de salvajes y hacían una representación delante de una audiencia que portaba arcos, flechas y lanzas. Reinar después de morir , El místico , La dama boba , Hamlet.

Incluso chocaban los escudos contra las lanzas para demostrar su contento. Iba a la Embajada del Reino Unido y le contaba al embajador que en el Teatro Español se iba a representar una obra de un célebre autor inglés y que los ingresos se destinarían a los huérfanos de los bomberos ingleses. Él llevaba dos entradas, dos palcos al precio de cinco mil pesetas cada uno. Naturalmente el embajador, agradecido por el detalle para con los huérfanos de los bomberos ingleses, abonaba el precio con mucho agrado.

Castañares le recordaba el día y la hora de la representación: Esto mismo lo hacía con las embajadas de Francia, Alemania, Italia y cuantas había en Madrid. Entre el numeroso grupo de personas que allí se encontraban se oían estos comentarios de algunos embajadores que ya se habían dado cuenta de la estafa: La influencia exterior en el éxito de los estrenos.

Cuando se estrena una obra de teatro o una película hay infinidad de factores que influyen de una manera directa en el éxito: Siempre se buscan excusas cuando un estreno fracasa, pero esto no son excusas, esto ocurre, no muy frecuentemente, pero yo lo he podido vivir en mis propias carnes. La circunstancia de que estuvieran haciendo obras en la puerta del teatro, se dio aquí en Madrid hace varios años. Justo frente al Teatro Infanta Isabel. Estaban levantando la acera y había que dar un tremendo rodeo para poder entrar en el teatro.

Al día siguiente se estrenaba una obra Esa misma noche treinta obreros arreglaron la acera en seis horas exactamente. Este embuste le sirvió para poder estrenar, por cierto con un. Las cadenas de televisión. Los mayores detractores de la pequeña pantalla no son unos cuantos, es España entera. Yo creo que hay varios motivos para que exista este rechazo tan generalizado: Tienen experiencia suficiente después de muchos trabajos en el cine o en el teatro para no equivocarse en la elección de una serie o de un programa cualquiera.

Yo admito que los directores de las cadenas no tienen tiempo de leer los guiones, aunque no vendría mal que leyeran alguno. Pero algo huele mal en Dinamarca. Este ir y venir a todas las cadenas duró tres años, incluso se dice que envió el mismo guión repetidas veces con distintos títulos. Finalmente uno de los pocos lectores inteligentes de Televisión Española… le dio luz verde.

Algo parecido le sucedió a Santiago Segura con su primer Torrente. Esta vez fueron sólo cuatro años de productora en productora, y siempre con la misma frase como respuesta: Claro, entonces las cosas saldrían mejor y no hay costumbre. Yo, modestamente, he escrito guiones de cine, teatro y creo tener experiencia después de ciento sesenta películas para asegurar que lo que yo hago es por lo menos representable.

Tengo entendido que en todos los países hay una especie de grupo de personas sin ideas políticas ni religiosas que se dedican a que haya ética en todas las cadenas de televisión. Me he enterado de que aquí también existe, pero deben estar escondidos. Esa mal llamada censura por algunos yo la considero absolutamente necesaria. Claro que esto es predicar en el desierto. Una o dos voces no significan nada ante los. Los aplausos en las series o en los concursos. Empecemos por los aplausos en los concursos.

En éstos hay dos variantes. En éstos, cuando un concursante acierta, se escuchan unos aplausos pero no se ve a quién aplauden. Es un disco o una cinta magnetofónica. Generalmente no corresponden los rostros de los invitados a la satisfacción que les tiene que producir.

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Entre el numeroso grupo de personas que allí se encontraban se oían estos comentarios de algunos embajadores que ya se habían dado cuenta de la estafa: Yo iba a unos almacenes a ligar con una dependienta con unas llaves que movía mucho en mi mano. Las que casi siempre estaban en provincias eran las compañías modestas. Estoy infinitamente agradecido a esta circunstancia. Yo iba a unos almacenes a ligar con una dependienta con unas llaves que movía mucho en mi mano. Llega el momento de las doce campanadas. Una o dos voces no significan nada ante los. Fue todo un éxito. Los guiones no son buenos, pero si es bueno el precio Actuaba a la sazón en esa ciudad con la compañía de mis padres, Compañía de comedias cómicas Puchol Ozores.

Sobre ella come, charla y trabaja. Como su amiga Jinjin, Wang no considera que su vida sea especialmente desgraciada. Se da caprichos que en su vida anterior no hubiera podido soñar: Ya no gano como antes. Tienen vínculos de amistad muy fuertes entre ellas. El principal problema del que hablan Wang y Jinjin son las redadas periódicas y los abusos de la Policía: Una detención sin juicio previo que puede durar hasta dos años en un centro de reeducación y donde a menudo se les exige que trabajen gratis todos los días de la semana.

Otro de sus grandes miedos es el sida y otras enfermedades de transmisión sexual: Su condición de trabajadoras ilegales les deja también indefensas ante la posible violencia de los clientes. La lucha contra la corrupción que ha lanzado el Gobierno desde la llegada al poder de Xi Jinping ha afectado al sector y le ha hecho menos visible.

En Pekín, una campaña de embellecimiento de la capital ha derribado muchos pequeños establecimientos desde donde estas mujeres operaban. Jinjin apunta otro factor: Con esa marcha, asegura, ha perdido clientes. Por supuesto, asegura, le gustaría que la sociedad retirara el estigma que ahora tiene la prostitución y que dejara de ser una actividad prohibida.

Pekín 12 MAY - El hombre, y sobre todo la mujer, lo primero que hizo al comienzo de su aparición en la Tierra fue mentir, fingir, interpretar. A partir de ahí se empezó a fingir, a mentir. Yo no lo he visto. Infinitamente después surgió la prostitución. Ésa fue la primera prostituta. Recibió algo a cambio de sexo. Esto no quiere decir que yo no tenga un afecto especial a las prostitutas, son necesarias desde hace muchos años para la sociedad, y a mí me quieren mucho porque repito lo que dijo el premio Nobel don Jacinto Benavente: Esto, aunque lo parezca, no es una autobiografía.

Cuando quieran tengo documentación masiva que avala cuanto expongo. En primer lugar quiero advertir que este libro no es una autobiografía. Las autobiografías escritas por el mismo protagonista no suelen ser muy fieles. La vanidad del autor siempre saca a relucir sus magníficas cualidades y generalmente son un autobombo. Esto que van ustedes a leer si es que han comprado el libro, que por otra parte, no es caro son muchas cosas juntas: Por otro lado, espero un gran éxito con este libro porque hablo sobre las mujeres que he conocido.

Tanto es así que en un principio pensé titularlo Mis mujeres , para así aparecer en todos los programas del corazón, pero no podía ser porque se cuentan muchas otras cosas.

Todo lo que cuento es absolutamente verídico y por supuesto inédito. Todo son cosas cortitas. Se puede leer de una sentada o de una acostada. Este libro se lo dedico a todos los perros del mundo,. Yo me llevo muy bien conmigo como actor. Por supuesto que he hecho películas, digamos que de poca categoría en las que yo como intérprete he estado bastante mal, para qué vamos a andarnos con tonterías. Pero justifico el haberlas hecho porque como cada quisque tenía que pagar el alquiler del apartamentito, la luz, el gas y mi bocadillo de jureles.

Porque aquí donde me ven, económicamente he tenido épocas de una debilidad económica extrema. Después de interpretar Los tramposos , en el año estuve todo un año sin que nadie me contratara. En esta profesión es muy frecuente. No me ha ocurrido sólo a mí sino a infinidad de actores. Una cosa es el oropel del éxito, los autógrafos y otra muy distinta no poderte tomar cien gramos de gambas. Porque resulta que el vulgo cree que en cine se gana una barbaridad de dinero.

En los años que van desde el 50 al 65, se ganaba muy poco, al menos yo. Treinta mil pesetas cobré por protagonizar con Tony Leblanc Los tramposos. En esos tiempos un piso mediano costaba un millón. Yo tardé bastante en ganar lo que se dice ganar. Las series de televisión que hice fueron las que me sacaron a flote, y también varias películas a partir de los años ochenta. He comprobado que el poco o mucho éxito que haya podido tener en esta profesión es por lo que me he inventado sobre los textos de los guiones de cine y obras de teatro.

Siempre que me daban un guión yo me iba a mi casa y empezaba a poner cosas nuevas a mi personaje, sin tocar para nada el resto del guión. Tuve la gran suerte de que los directores aceptaban absolutamente todo lo que había añadido. Entre otros, uno de mis primeros añadidos fue en la película Las muchachas de azul. Yo iba a unos almacenes a ligar con una dependienta con unas llaves que movía mucho en mi mano. La chica, esperanzada, me preguntaba: Que los productores y directores me hayan dejado hacer esto me ha permitido demostrar mi sentido del humor.

Estoy infinitamente agradecido a esta circunstancia. Cuando me entregan un guión o una obra de teatro, me dicen: Yo me escribía el guión o lo improvisaba, unas veces con mi amigo Juanito Navarro y otras veces solo. Tenía un pie obligado lógicamente, que era el tema del programa de la semana. Todas esas frases estaban en la calle. Fue todo un éxito. Me considero incapaz de definir lo que es el sentido del humor. Yo creo que es una predisposición innata que se tiene o no se tiene.

Las cosas ingeniosas a los humoristas se nos ocurren y nadie puede decir cómo. Claro que hay muchas cosas que las deshecho a los dos segundos de habérseme ocurrido. Antes me ocurría muy a menudo: Lo que hay que hacer en el humor es ser distinto. Ahí tenemos a Gila, Tip y, en cierto modo también, a Chiquito de la Calzada, que lo que menos importa son los chistes que cuenta, sino las cosas extrañas que hace mientras los escenifica. El triunfo en este difícil género es salirse de norma y sobre todo ser muy crítico con uno mismo.

No creer que eres genial y que todo lo que inventas es cojonudo. Un punto de modestia es muy necesario. Tampoco creo en tener que esperar a que venga la inspiración y se siente a tu lado. Me he dado cuenta después de setenta años de que lo que yo soy en realidad es escritor, lo que pasa es que he hecho tanto teatro y tanto cine que nunca he tenido tiempo de sentarme ante un ordenador.

Tengo tres comedias de teatro escritas, tres series de televisión. Sé que me va a pasar lo que a ciertos pintores célebres. Es posible que se me reconozca como escritor humorista cuando me haya ido a hacer puñetas.

He descubierto que mi querido y admirado Alfonso Ussía tiene en su casa lo mismo que yo, un gran saco lleno de palabras. Él las pone en un orden perfecto, otros no tanto, entre los que me incluyo. No sabe Alfonso el mal que crea al escribir tan bien. Yo creo que sí. Sus artículos en Época y ABC son serios, consecuentes, inteligentes. Sus libros, con un humor admirable.

Tanto puedo decir de muchos otros escritores que con total desvergüenza escriben muy bien. De todo debe haber en la viña del Señor. Les dejo porque voy a echarme a llorar un rato. El origen de este maravilloso arte empezó, como todo el mundo sabe, en Grecia.

El teatro es la madre por excelencia de todos los medios que vinieron después: En algunos casos ocurren cosas graciosas encima del escenario durante la representación, que nos hacen reír porque nos cogen desprevenidos.

Para eso yo tengo un truco. Ellos han pagado su entrada para reírse y no tienen por qué notar que te ocurre algo. El padre de Lina Morgan murió a las nueve de la noche.

Lina estaba en el escenario a las once en punto. Esto no ocurre ni en el cine ni en la televisión. El teatro tiene la ventaja sobre el cine, al menos en el género cómico, de que puedes hacer pruebas. Con eso se consigue añadir risas a la función. Cuando estrenamos Lina Morgan y yo la revista La marina te llama, la gente no se reía mucho. Al poco tiempo de esto Lina pudo comprarse el Teatro de la Latina. Ciudad Rodrigo, una bella ciudad declarada monumento nacional, año Actuaba a la sazón en esa ciudad con la compañía de mis padres, Compañía de comedias cómicas Puchol Ozores.

Vivía en una modesta pensión. Me tumbé en mi colchón de borra a estudiar la próxima obra de teatro que íbamos a representar. Tres de la madrugada. Nadie a quién pedir lumbre. Fui a la calle. El sereno no fumaba. No me quiso dar las señas de alguna casa de lenocinio.

Por otra parte ir a una casa de prostitución a pedir una cerilla no es nada normal. Regresé a mi pensión. Me tumbé en mi cama…soplé, y apagué la vela. Pues ése soy yo. Yo interpreté a los diecinueve años.

Fue mi primera oportunidad de interpretar a don Juan. Naturalmente, era lo suficientemente inconsciente para no concederle excesiva importancia, aunque en los primeros ensayos empecé a aterrarme.

Me aprendí no sólo mi personaje, sino el de toda la obra de Zorrilla, y en verso. Mandaron la sastrería de Madrid y ahí empecé a envanecerme. Siempre al que interpretaba a don Juan le daban el mejor traje, y sobre todo… la mejor espada. A pesar del tiempo transcurrido, recuerdo que estuve bastante bien, y lo sé porque en aquel momento en Zamora el crítico del periódico local era Gua, el gran humorista y mi gran amigo, con el que me sigue uniendo una gran amistad.

Por cierto, el empresario del teatro se llamaba San Vicente. Entonces yo era muy pequeño, porque en los años cuarenta tener diecinueve años era ser, pero que muy pequeño. La penuria de los años cincuenta en la revista. Durante muchos años actué en diversas compañías de revista. Por los años cincuenta empezaron a salir las medias llamadas de cristal, pero eran carísimas. El vestuario de las bailarinas —esto de bailarinas es un eufemismo— era absolutamente sorprendente. Los sombreros que utilizaban eran esas macetas de tamaño mediano de barro pintadas de colores con Titanlux.

Tenían un fuerte barboquejo para que el peso no las hiciera caer. Sobre un pequeño pantaloncito llevaban una especie de flecos confeccionados con bolsas de basura de diferentes colores, que con unas tijeras eran cortadas para darles esa forma de flecos. Con asistencia del autor. Las que casi siempre estaban en provincias eran las compañías modestas. Entonces se veía tanto teatro porque no existía la televisión y se hacía muy poco cine en nuestro país.

Esto consistía en que, al final de la representación, los propios actores de la compañía recitaban versos, hacían juegos de manos, algunos hasta cantaban una canción de moda. Pero había también otra novedad.

El autor estaba en Madrid y no se le ocurriría ir a un pueblo perdido en el mapa de España. Pero todo estaba previsto. A uno de los actores de la compañía se le ponía unas gafas, un bigote, un buen traje, y al final de la representación salía a saludar haciéndose pasar por el autor. Este truco siempre funcionaba bien, hasta que un día en que se representaba La dama boba salió el autor a saludar. Tres eruditos del pueblo, el boticario, el alcalde y el médico pusieron el grito en el cielo: Los actores ese día con lo que les arrojó el respetable tuvieron una opípara cena vegetariana, con los tomates, zanahorias y diversas verduras que les tiraron al escenario.

Esto sería en , recién terminada la guerra civil. Entonces había una costumbre que utilizaban todas las compañías de teatro: Felicitémonos por el final de esta guerra fraticida entre hermanos.

Aquí en Tortosa como en toda España celebremos este hecho.

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